Hablarnos con amor y compasión: nuestros pensamientos determinan la calidad de nuestras vidas
Hola! Maravilloso el momento en que decidís pasar por esta página y compartirnos!
Gracias!
Vos hacés posible esta conversación.
Me importa compartirte mi experiencia en relación al título.
De lo que pienso depende lo que siento. De lo que siento depende lo que hago. Y viceversa.
Cambio mi manera de pensar y cambio todo. Puedo elegir qué pensar. Lo sabías?

A veces vivimos un maremoto de emociones que nos ahoga en la indecisión.
Ese mar infinito que nos nubla la mente y nos confunde en el pensar.
Es importante darnos cuenta que sólo son “pensamientos”. Nada más y nada menos.
Los pensamientos son diálogos que tenemos con nosotros mismos. Pasa que la mayoría de las veces no nos damos cuenta que “nos estamos hablando”…y vivimos como si eso que pensamos fueran verdades. Sin cuestionarlas.
Es vital que entrenemos la habilidad de cuestionar lo que pensamos. Nuestro diálogo interno. Nuestras conversaciones privadas.
Que aprendamos a decirnos: “ será así?” “y si fuera diferente de como lo estoy pensando ahora?” “ y si hubiera otras posibilidades que en este instante no estoy considerando?
Cambia rotundamente nuestro estado de ánimo, nos predisponemos a actuar diferente. Probalo.
Comparto con vos algunos ejemplos que me han servido a mí. Como suelo decirte: no me creas, experimentalos por tu cuenta. Tomalos si los considerás valiosos. Descartalos si sucede lo contrario.
Solía tratarme muy mal ante la falta de perfección en mi manera de hacer. Ya sea que se tratara de un plan de alimentación que no logré llevar adelante al pie de la letra, una tarea de alguna capacitación que no culminé en el tiempo ideal, un exceso de confianza en alguna persona que terminaba en decepción, en fin…muchas situaciones similares. Lo común en todas era mi autocrítica despiadada: nunca vas a lograr una alimentación saludable, siempre sos más lenta que tus compañeros, tu intuición volvió a fallarte (ya no podés confiar en vos)…
Y desde esa demoledora opinión sobre mí misma, la manera de sentirme era muy angustiante, triste, lastimosa.

Si en lugar de catapultarnos de manera determinante, usáramos vocabulario más amoroso, más lleno de posibilidad, más cargado de empatía, (como cuando le hablamos a alguien que amamos mucho), puedo vaticinar que nuestra autoestima y amor propios serían otros.
Usando los mismos ejemplos:
- Esta vez confiaste y volvieron a defraudarte. Vas aprendiendo a tomar más cautelas y recaudos. No todos actúan según tus valores. Ya lo aprendiste.
- Comiste algo que no estaba planeado, sos humano, ningún humano es perfecto, el próximo plato volverás a intentarlo y lo harás mejor.
- La velocidad de culminación de las tareas no es tu meta. Disfrutar el proceso y lograr el objetivo planteado en la formación es lo que importa. Ningún ritmo es mejor que otro. Respetá el tuyo y serás más feliz mientras lo hacés.


Cuidar lo que nos decimos es de los entrenamientos más trascendentes en nuestro día a día.
Cómo vas con ese tema?
Puedo ayudarte. Contá con mi acompañamiento.
Lee y escuchá más contenido de valor en mi ig: @RoBabikow.CoachingdeVida
Nos vemos en el próximo encuentro a través de esta pantalla.
Te abrazo,
Ro.























